Un Análisis del Actual Paro.


10/06/2021

Por: Garex

El paro nacional de Colombia ha tenido su resurgir el 28 de Abril del 2021, fue  un gran despertar del pueblo, soñado  por muchas personas que vivimos con la esperanza de tener un mejor país, llegando a ser la juventud  que describió  Jaime Garzón en sus discursos. Podrá sonar intrépido y arrogante, pero más allá de eso ojalá podamos construir un país medianamente digno donde sea posible vivir y que esté al alcance de nuestros sueños.

Este despertar ha sido encabezado por las juventudes en su amplia diversidad, es decir, no fue ni es liderado por ningún movimiento específico, sino que surge del puro inconformismo y del sueño de mejores oportunidades para toda la sociedad, en un  país que clama a gritos la paz y el fin del hambre, donde se ha evidenciado un apoyo hacia los manifestantes mucho más fuerte que en paros anteriores.

Destacando el caracter popular de este despertar, que en muchas ciudades del país y en el caso de Bogotá, ha sido liderado por las clases populares: los olvidados, los mal llamados vagos, ñeros, indios, negros, maricas, en resumidas cuentas “los nadie” de los que hablaba Eduardo Galeano, donde muchos de ellos encontraron aunque sea un pequeño descanso al hambre en las ollas comunitarias que han surgido en diferentes lugares, además obtuvieron una forma de amplificar  su  voz para ser medianamente escuchados y comenzar a hacer insidencia política en busca de construir el país que soñamos. Por estas circunstancias es importante dejar de ver  el momento que se está viviendo como solamente un paro  y analizarlo  como el estallido social y popular que realmente es.

Quienes en este escrito son denominados “los nadie”, comenzaron este despertar de la lucha popular el día 28 de Abril, a partir de  movilizaciones en las calles y los barrios, que rápidamente se vieron obligados a resistir en enfrentamientos con el ESMAD, por la violencia desatada como forma de reprimir el estallido social. Luego se unieron las universidades, algunas privadas y como siempre las públicas, situación que rompe las dinámicas que se venían presentando desde los paros adelantados en el 2018, 2019 y 2020 donde el movimiento estudiantil era parte del llamado a paro y ahora es un actor más, mostrando que los jóvenes desde su diversidad y amplitud, también pueden  tomar las riendas de su país y esto ya no es una discusión limitada a los sectores históricamente organizados.

También se resalta cómo en las asambleas de la universidad Distrital, se ha pasado de banderas o peticiones centradas en la misma universidad o en la educación superior nacional, sin salir de ahí, a plantearse un escenario político más amplio que haga   un llamado a proponer como Colombianos y ciudadanos una reforma tributaria, donde paguen quienes tienen más capacidad económica y no los que sobrevivimos a las nefastas políticas del gobierno, sin olvidar la reforma a la salud y claramente los problemas presentes a la educación superior, siendo este otro reto que se espera sea asumido por las universidades y profesionales, ya que del gobierno actual no se pueden esperar medidas justas para todos.

Además, se reconoce cómo el estallido descentralizado pero masivo también tiene sus ventajas, reduciendo la tendencia histórica de la sociedad Colombiana al caudillismo donde lo que realmente ocurre es que se delegan las responsabilidades a otros para no asumirlas, dificulta la persecución política y finalización de los procesos, siendo así un duro llamado a la descentralización de las tomas de decisiones y permite unir diferentes objetivos en un mismo momento histórico.

Estos párrafos permiten determinar otras dinámicas, por ejemplo, el hecho de que el paro no posee objetivos claros debido a su surgir espontáneo, explicando la crisis de representatividad del Consejo Nacional de Paro, donde  ni siquiera se recoge el grueso del movimiento estudiantil - uno de los estamentos  más conocidos , fuertes y organizados- en la historia de la lucha popular, ni a “los nadie”, ni a los marchantes que en su amplitud no se sienten representados.

En esta mesa de diálogo con el gobierno nacional, como se mencionó anteriormente, no se recoge la mayoría de opiniones de los manifestantes. En el caso del movimiento estudiantil está Jennifer Pedraza, representante al Consejo Superior de la Universidad Nacional en la sede Bogotá e integrante de la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de Educación Superior (ACREES), organización que en estos momentos no posee credibilidad o aceptación del movimiento estudiantil, por las formas en que han llegado a la mesa de negociación, donde se resalta  su oportunismo político, debido a la  desarticulación del movimiento estudiantil a nivel nacional desde el paro del 2018, lo que le ha facilitado  mostrarse como representante de los estudiantes ante la opinión pública.
Se reconoce el trabajo de Jennifer Pedraza en lo discursivo y propagandístico, donde se ha defendido bien, pero la forma de tomar decisiones de ACREES, sin una discusión amplia que tenga en cuenta la opinión de la mayoría, indigna a gran parte de los estudiantes que están organizados y también a quienes no, recordando lo ocurrido en el teatro Jorge Eliecer Gaitán durante el Encuentro Nacional de Organizaciones Sociales a comienzos del 2020, donde no se permitió el ingreso a diferentes organizaciones sociales, impidiendo una participación democrática y llevándolas a hacer su propio encuentro. Allí se observó cómo su forma de tomar decisiones legitiman la democracia representativa en la que se constituye el Estado y desde la cual se excluye al pueblo colombiano, obstaculizando el ejercicio desde las organizaciones para una democracia participativa y la posibilidad de interlocución entre los movimientos sociales y el Estado.

Al analizar las medidas tomadas por el gobierno y las estrategias usadas en otros procesos de lucha popular, suelen buscar la pérdida de credibilidad de quienes están negociando. Aunque así comienza el Consejo Nacional de Paro, que lleva gran parte de los diálogos a nivel nacional, sin olvidar que llegaron a esa posición gracias a su oportunismo político ante la ausencia de legítimas representaciones cuando ocurrió el estallido. En otras ocasiones esta circunstancia de quienes negocian ha desembocado en un desgaste de esfuerzos sin lograr el cumplimiento de las peticiones, permeando con esta visión los procesos de  movilizaciones, marchas, plantones y demás mecanismos de presión, incrementando la posibilidad de que las personas ya no quieran volver a salir a las calles a defender y luchar pos sus derechos, consecuencia que se debe evitar a toda costa.

Este riesgo debe ser analizado con lupa, ya que el paro en su descentralizado acontecer, ha logrado tumbar la primera propuesta de reforma tributaria y reforma a la salud, junto a la renuncia de un ministro, una canciller e incluso, desde la petición de la misma gente y los mismos fanáticos del fútbol (las barras futboleras),  evitar hacer la Copa América, que al final  no se llevará a cabo en el país. Esto es algo simplemente histórico y poético, que nos recuerda como la lucha popular es un poema colectivo según lo dicho por una de las tantas pancartas de quienes hemos salido a marchar.

La respuesta del gobierno a los marchantes ha sido una represión que no se había documentado anteriormente, presentándose una gran cantidad de desapariciones, casos de violencia sexual, asesinatos, heridos y demás vulneraciones, pero a diferencia de las otras generaciones, no han logrado apaciguarnos desde el miedo. Por el contrario, incrementó la indignación de la gente y se ha logrado un registro de los acontecimientos mediante las redes sociales. Sin embargo, es evidente que los medios de comunicación tradicionales fomentan la dinámica de guerra establecida en varias instituciones por el histórico conflicto donde está sumido nuestro pueblo, mostrando  a los manifestantes como adversarios u oponentes sin derechos, visibilizando hoy más que nunca la necesidad de una reforma estructural a la policía, el desmonte del ESMAD, exigiendo garantías que impidan la conformación de grupos similares y el mínimo cumplimiento de lo ya definido por la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia en la sentencia STC 7641-2020.

Otras de las propuestas para salir de la situación actual — de forma muy conveniente—, han sido las de reducir el congreso o hacer una nueva constitución, resaltando que estas han sido propuestas planteadas en otros momentos por el Centro Demoniaco, teniendo en cuenta que si estas se ejecutan en estos momentos, podrían ser un arma de doble filo para el pueblo colombiano y requerirían de un amplio seguimiento social para evitar su aprovechamiento por parte de la política tradicional.

Resumiendo los cuatro retos ya mencionados, se concluye que es necesario evitar que el gobierno logre generar una pérdida de credibilidad en las manifestaciones como amplificador de la voz, y exigir que se presenten reformas acordadas con las bases juveniles y populares que están moviendo el paro. Es necesario, no seguir con las dinámicas del Centro Demoniaco y hacer realidad la reforma a la Policía, el desmonte del ESMAD, garantizando la ejecución de lo ya definido por la Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia, con enfoque de derechos humanos de forma transversal.

No podemos dejar de lado que la gran cantidad de personas que se manifiestan nos recuerdan como movimiento, que a nuestra sociedad la han manipulado desde una educación de mala calidad, muy conveniente para las clases políticas, facilitando la  desinformación en la sociedad colombiana. Esta dinámica de desconocimiento también se puede evidenciar en las personas que salen a marchar, dado que muchos de los que salen a manifestar su justa indignación desconocen algunas de las dinámicas para la planeación de un paro, cómo este se debe centrar  en peticiones a corto plazo y llegando a entender que el país no va a tener un verdadero cambio de la noche a la mañana, sin minimizar la posibilidad de mejorar algunas cosas, pero la lucha es mucho más ardua.

Acá es necesario que las universidades y la sociedad en general, desarrollen  procesos de educación popular o campañas informativas, en donde se exponga de una forma integral el sentido de un paro desde lo estratégico, explicando cómo a partir de estos se pueden obtener  beneficios colectivos a corto plazo. También es menester hacer talleres donde se hable de qué es un costo político, democracia, derechos humanos, organización social y sus retos, esto para que todos podamos aportar a la construcción del país que queremos desde el estallido social, reconociendo  que los movimientos sociales, incluido el estudiantil, están colmados de trabajo en la gestión  de  insumos y dinámicas  en el cubrimiento de  las marchas buscando garantizar el acompañamiento de DDHH .

Para finalizar, como país debemos pensar estrategias que saquen a la oligarquía del poder, donde no solo se elija un presidente que no haga parte de los partidos políticos de siempre, sino que la votación en el senado sea estratégica, haciendo necesario realizar  una fuerte pedagogía popular que fomente la reflexión, la crítica y la autocrítica, con el objetivo de que la gente entienda y se apropie de su papel como sujeto político dentro de la misma sociedad y así, dar un nuevo rumbo al país.

Lo anterior  nos lleva a otros cuestionamientos, como: ¿Creemos en la democracia de nuestro país, en la registraduría y el Consejo Nacional Electoral?, considerando las irregularidades en los conteos de votos con los que Duque llegó a la presidencia, donde se ven incluidas la falsificación de cartillas, el uso de cédulas con propietarios fallecidos, amenazas y la poca participación ciudadana, haciendo que también nos cuestionemos lo siguiente: ¿Qué mecanismos de presión se van a usar para tener unas elecciones realmente transparentes, donde tengamos garantías y más participación?, teniendo en cuenta que esta es la herramienta democrática que determina quiénes y cómo se va a gobernar el país, y si no se recoge de manera eficaz, verídica y transparente  la visión de la gente, sumándole la baja participación ciudadana, el estallido social puede quedar como uno de los tantos intentos de cambiar el país a lo largo de su historia o incluso complicar aún más su situación.

De esta jornada de paro podemos aprender una vez más que la lucha es a  largo aliento, la persistencia del profundo vacío en conocimientos de la población colombiana, debido a una educación de mala calidad y el desinterés promovido por nuestra cultura, reduce el conocimiento político, organizativo y táctico en algunos sectores sociales como el estudiantil, el indígena o el barrial con todas sus complejidades (reconociendo el desconocimiento de las apuestas de otros procesos), además de que el  gobierno y la oligarquía nacional no escuchan  a la población, haciendo evidente la  ausencia de  la más mínima intención por mejorar las condiciones de vida a quienes históricamente han condenado a la exclusión social, al hambre, la pobreza, la miseria y al olvido.

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