Realismo Trágico: Breve historia de un país sin memoria


23/11/2021

Sofía Moreno


“La historia es un profeta con la mirada vuelta hacia  atrás:
por lo que fue, y contra lo que fue, anuncia lo que será.”
-Eduardo Galeano

Hablar de historia en Colombia es atar un nudo en la garganta, es reconocer un pasado sin finales  felices y por supuesto sin inicios. Desde la invasión española estamos condenados a ser colonia, la  independencia duró un día cuando la aristocracia y la élite criolla llegó para colonizarnos, que desde ese momento, han hecho innumerables esfuerzos para que el pueblo olvide de dónde viene. Esta élite, ha quebrantado al país,  entregándolo a políticas clientelistas extranjeras y como consecuencia, solo basta recordar los inicios del siglo XX con la separación de Panamá, que fue casi una crónica de una muerte anunciada, el olvido inminente de un Estado que nunca ha estado, intereses económicos y  por supuesto la intervención de Estados Unidos, un ente presente, casi protagónico que es titiritero de nuestro pasado como nación y como continente. 

La United Fruit Company (empresa estadounidense) fue la máxima expresión de un gobierno arrodillado, indolente y victimario, responsable de la masacre de las bananeras, patrocinada por el militar Carlos Cortes Vargas —quién luego de la masacre sorpresivamente fue ascendido a Director de la Policía Nacional en 1929— y el presidente Miguel Abadía Mendez con la intención de callar trabajadores que alzaban su voz contra la intocable corporación norteamericana, el resultado: 1800 muertos y ningún responsable.

 El resto de la historia del país sigue escrita con sangre, en el siglo XX la polarización entre  conservadores y liberales gobernaba, luego de la hegemonía conservadora llega el crimen de  estado más vil del siglo, el asesinato del liberal Jorge Eliecer Gaitán: un acto de cobardía hacía la  revolución del pueblo, este suceso de violencia y censura dio como resultado un pueblo incendiario  y el comienzo de una época con inicio, pero sin final: La Violencia. En este punto aparecen las guerrillas liberales campesinas y una dictadura militar disfrazada de desarrollo en cabeza de Gustavo Rojas Pinilla (1953).

El Frente Nacional, periodo de alternancia política que suponía el fin a la disputa liberal y conservadora, permitiendo una alternancia en el poder para ambos partidos,  fue la medicina pero no la cura, como dijo William Ospina: “una paz que se deshizo en el aire”, este periodo fue como poner pañitos de agua tibia a un enfermo terminal, solo aliviaba la inminente muerte, si bien fue un tiempo que prometía desarrollo lo hizo sin tener memoria, ni reparación por las víctimas del periodo de la violencia, una época que se pensaba acabada pero cual fénix resucitó de sus cenizas.

Esto lo vimos,  el robo a las elecciones a Pinilla, como un recordatorio de que la democracia en el país es nada más que un formalismo, un significante sin significado y con este episodio las armas  vuelven como reclamo de la justicia, es entonces cuando nace otra guerrilla: el M-19. Una guerrilla que tenía como ideal defender al pueblo y divulgar la corrupción que tiene al país sumido en desigualdad, una guerrilla que defendía lo indefendible y murió sin ver el cambio. Esto es solo la punta de un iceberg de lo que es nuestro pasado, pero que son las bases del país que tenemos en la actualidad: un Estado terrorista y con intereses de por medio, un Estado hipócrita y servil a las empresas que lo  financian, un Estado que camina sobre los muertos que ha cosechado. 

Este breve recorrido es parte de una historia que cargamos como colombianos, una historia que nos han obligado a olvidar pero que se sigue escribiendo. Hoy hago un llamado a la memoria y la  resistencia porque Colombia ya no tiene fuerzas para cargar con más muertos, pero el pueblo tiene  la dignidad para seguir luchando por esos que creyeron en la transformación, no podemos  deshacernos de nuestras raíces porque eso significaría nunca florecer.

Siempre en pie de lucha.

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