QUE DE ALGO NOS SIRVA IMPROVISAR


Personas o grupos poblacionales, que por la divina providencia o el malaventurado destino en esto que llamamos Colombia, se encuentran en gran y mayor medida expuestos a sufrir maltratos contra sus derechos fundamentales, son el foco y desde donde se deben guiar hoy las políticas estatales del gobierno del presidente Duque Márquez, o por lo menos en la agenda del ejecutivo, el judicial si es el caso dado y  la proposición legislativa que lo reglamente y lo respalde desde la normatividad. 

La pobreza multidimensional agudizó sus cifras y junto al desempleo parecen una enorme montaña que va en ascenso continuo. Sin embargo, si de algo nos debe servir todo lo que momentáneamente ha dejado el  año 2020, es el momento en que la ciudadanía entiende su papel deliberativo y obliga presionando a sus dirigentes para que estos respondan a sus obligaciones. Obligar lo que de por sí es una función suena ilógico y además incoherente, aunque en este lado del charco, en América Latina, las contradicciones del poder político y económico son algo de lo que desafortunadamente nos caracteriza.

Cuando Duque habló de un ingreso solidario, omitió tener en cuenta lo que en cifras verdaderamente gasta una familia colombiana de bajos recursos; además de los integrantes que las conforman, sin embargo, más allá de su estadía en una burbuja de confort que lo hace desconocer la realidad social de su país, dio un precedente a la renta básica. El traspaso del ingreso solidario a la renta básica, es lo que espero que cambie y devenga de las consecuencias por la actual pandemia Covid-19.

Si hablamos de 117 billones de pesos, que han sido destinados a las ayudas gubernamentales, parece ser una cifra extremadamente abultada pero también una actividad que históricamente Colombia no suele realizar, por lo menos en esas proporciones y no me refiero solamente a la cuantía, sino a ser un tema que frecuente en la agenda política. Es por ello que la primera vez en la que se suele hacer una actividad, se puede recaer en la improvisación, sin embargo; hay niveles, y aquellos que ocupan un espacio en el poder de nuestro país, improvisan tanto, que pareciera que no están allí precisamente por su meritocracia, sino por otras cuestiones, de las que conocemos la ciudadanía de manera superficial.

Colombia, tomando como ejemplo la renta básica implementada históricamente en países nórdicos y latinoamericanos como lo son Uruguay y Chile, ha caído en la angustiosa y apresurada política de la improvisación, sin embargo, si se requiere que el gobierno improvise, para lograr consolidar y disminuir la pobreza multidimensional, entonces que así sea. Improvisar no es desviar el erario público, no es inflar los precios y maquillar contratos, y no es ver al gobierno dando la alocución de usar tapabocas e invitando a ser sujetos de aislamiento inteligente.

Aída Avella e Iván Marulanda nos dieron una pista, y se hablará a partir de allí de populismo y odio de clases, contribuciones que engloba la teoría de pobreza y equidad ya anteriormente debatida. No obstante, el Estado de chequera limitada, puede ver una salida de solución gravando a las personas y empresas más ricas, irrumpiendo  la naturaleza misma del sistema. Lo que comenzó como ingreso solidario, de carácter temporal, y no está de más  decir insuficiente y raquítico, es el primer paso a una renta básica, no como un auxilio de menor cuantía incluso a la mitad de un salario mínimo legal vigente, sino pensado en combatir focos hacía poblaciones de bajos recursos, para lograr así reducción de una pobreza multidimensional.

“Esto último es un paso a un nuevo modelo que repiensa su accionar buscando el bienestar de la ciudadanía, dejando atrás la lógica neoliberal guiada únicamente por las influencias del mercado y conglomerados económicos de gran poderío. 

“No obstante, el Estado de chequera limitada, puede ver una salida de solución gravando a las personas y empresas más ricas, irrumpiendo la naturaleza misma del sistema.

Redistribuir las ganancias con la intención de ser demandado hacía lo social, no debe ser pensado únicamente en momentos como los actuales, sino más bien de manera atemporal y perenne si se quiere, pero sin olvidar que la ciudadanía no debe omitir sus roles y sus deberes para con el Estado. No es por un lado olvidar la población en grado de vulnerabilidad, pero tampoco vivir en dependencia exagerada, que curiosamente ya lo vienen haciendo aquellos quienes ocupan un cargo en el poder público. Si de improvisar se trata, la ciudadanía ya  tiene más experiencia y debe saber  el gobierno nacional que el invento y llegada de la vacuna a Colombia, es lo único que lo separa de un estallido social, y lo que seguramente va conformar una esfera informativa para el año 2021.

Juan Pablo Pérez Prieto

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