Pies, justicia e indignación


Eran las 6 de la mañana y sonó la alarma, aquella alarma que anunciaba que la lucha era hoy. Todo estaba en silencio y como si alguien hubiera muerto las dudas se apoderaban de mi mente y las preguntas eran frecuentes. Lleve en la maleta lo esencial para avanzar: comida, ropa cómoda y una pañoleta, la vieja confiable de todo estudiante. Realmente no estaba preparada, mi mente divagaba en si quedarme en la casa o poner mis pasos como demostración de cambio. Vi en los ojos de mi madre el miedo de que no regresara, aquellos ojos que sin duda alguna mostraban temor de no volverme a ver.

Mis pasos eran más firmes y las calles cada vez estaban más vacías , no tenía duda , el pueblo tenía miedo , trate de entender cómo iba a llegar al centro ya que ningún bus paraba o simplemente no pasaban , espere el alimentador de castilla aquel que todos los días cojo cuando voy a la universidad y entre música y palabras lejanas, alcanzo a discernir que el conductor comunica que ya no habrá servicio , que la estación de banderas está cerrada y que la ciudad tiene más confusión. Me bajo de aquel medio de transporte y emprendo mi camino en busca de algo que me acerque a aquella estación , otro alimentador viene tengo la esperanza de que si me lleve , vaya sorpresa me encuentro con gente que en sus caras manifiestan esa indignación y esa hambre de lucha , abuelos que con la camiseta de Colombia y con letra cursiva dicen :“este país no lo quiero para mis nietos ” y con tan solo una sonrisa nos entendimos , nos dimos cuenta que todos pensamos igual. Poco a poco, en cada una de las paradas se subía gente peculiar que igual que yo tenían hambre de avanzar; recuerdo a una pareja que con baldes y palos comenzaron a hablar de la lucha popular, de todo lo que estaba haciendo el estado en contra de su pueblo y el dominio de las masas como fuente viable de consumo y terror.

Llegue a banderas y una congestión de transmilenios me confirmaba que hoy la ciudad no iba a ser la misma, el b14 era mi propósito, se encontraba vacío y eso era nuevo, me senté y observe en la ventana el pasar de la gente; sus ojos reflejaban el impacto social que iba a acontecer ese día. Iba transcurriendo mi ruta y en eso las estaciones iban cerrando como ráfaga de miedo.

Posteriormente llegue a la estación de la 39 para subir a mi punto de encuentro en la sede de la 40, llamé a mi grupo de marchas para saber dónde estaban y que saliera a mi encuentro, pude observar a todos los estudiantes que a pesar de la madrugada tenían sed de victoria. Subimos a la séptima y una oleada de voces sonaban en una misma arenga” - ¿Quién es usted?-¡Soy estudiante!- ¡No lo escuché!- ¡Soy estudiante!- ¡Una vez más!-¡Soy estudiante soy, yo quiero estudiar, para cambiar la sociedad, VAMO’ A LA LUCHA!”, y así poco a poco se iba moviendo esa masa que gritaba adiós a la injusticia.no puedo afirmar que sólo habían estudiantes, porque a cada paso se iban uniendo familias, parejas ,hasta abuelos que estaban a nuestro favor.

Los pasos tomaron valor y el pueblo se unió, alce mi vista en la calle 75 y una niña de aproximadamente 6 años en una pequeña hoja, agradece a los estudiantes por resistir, como si fuera esto una bomba de energía alce mi voz, podía quedarme afónica pero con la satisfacción de crear un mundo mejor.

Como si ya fuera periodista informaba a mi familia de cómo era una marcha estudiantil, no somos vándalos, somos arte hecho humanos que con música y pancartas muestran la inconformidad de todos los que callan.

Llegamos a la 30 con 26 a eso de la 1:30 pm a la Universidad Nacional, donde estudiantes y familias taparon por un momento la estación, era glorioso ver la cantidad de gente inconforme por el mal gobierno, protestando por sus derechos.

Íbamos avanzando por la estación Ciudad Universitaria, unos con el propósito de subir a la plaza de Bolívar y otros para llegar al Aeropuerto El Dorado. Universidades privadas se unieron a esta marcha, fue evidente su participación ya que se subieron a las estaciones y con “trapos” como nosotros lo llamamos, llevaban la insignia de su universidad en aquel gran paro nacional.

Era un día radiante el cielo estaba despejado y la fuerza social más sólida que nunca; cuando de repente dos estallidos retumbaron en mis oídos , la pañoleta tomó posesión de mi boca, los gases entraban a mis ojos como tanques tóxicos que me hacían llorar, era inevitable sentir nervios y por eso mismo , mi respiración comenzó a fallar. Todos estábamos corriendo, los del ESMAD nos atacaron por delante y por detrás sin dejarnos salida, la única oportunidad era entrar al centro comercial “Gran Estación “, como hormigas tratamos de refugiarnos miles de estudiantes; el centro comercial tenía miedo de nuestra presencia y nos cerró las puertas, alzamos nuestras manos como estudiantes hijos de este pueblo, que no hacemos daño y venimos en son de paz... y así nos abrieron las puertas pero cada almacén bajaba las rejas. Me sonó el celular, mi madre estaba más que angustiada se le notaba en la voz y preocupada me dijo  que había visto en las noticias como la fuerza pública había atacado al estudiantado sin haber hecho nada, la tranquilice con solo el hecho de decirle que estaba segura dentro del centro comercial que ellos no podían entrar a un ente privado sin consentimiento, me respondió que por favor me devolviera a la casa lo más rápido posible, cuando todo ese desmán se calmara.

Buscamos algo de comer pero aun así las tiendas no nos querían vender, más de una hora encerrados en el centro comercial con el miedo de salir; las ventanas se convirtieron en aliados y los ojos el fiel servidor que comunicaba que el ambiente se había calmado, me fui con una de mis compañeras por la puerta de atrás del centro comercial con la confianza de poder conseguir algo de transporte que nos acercara a nuestros hogares , pero era ilógico pensar eso , todos los buses desviaban por la Avenida Esperanza pero ninguno paraba, estaban a reventar; yo sabía dónde estaba situada y conocía perfectamente la ruta porque mi única opción era irme a casa caminando. Aquí lo que más me preocupaba era mi amiga, realmente ella no se podía ir caminando, su trayecto era por más de dos horas y la ciudad no estaba para exponerla ,así que trate de meterla en cualquier bus, después de esto, emprendí mi camino.

 Me puse los auriculares para escuchar las noticias e irme con el contexto de que era lo que estaba pasando en otras partes de mi ciudad , realmente todo se estaba saliendo de control, la ciudad era blanco principal de lucha y fuerza pública descontrolada , después de tanto caminar a eso de las 6 de la tarde llegue a mi casa , los pies no me daban y la cara de mi papa me dio la aprobación que ya estaba a salvo , los televisores estaban encendidos dando la trasmisión constante por solo un canal “Citytv”, mi madre llegó más temprano  de lo normal , así que no tuve que preocuparme por nada ,toda mi familia ya estaba en casa. 

Aún así, había algo que rondaba en mi cabeza después de todos los disturbios, eran los jóvenes y la fuerza pública destruida porque al fin de cuentas todos somos colombianos y por ende todos tienen familia que igual que la mía esperan su llegada. Pero ¿cuándo los de la clase alta van a dar la cara para un cambio social? , esto es un tire y afloje de pensamientos y partidos que lo único que hace es que el mismo pueblo se ataque entre ellos como si fuéramos animales poco pensantes, porque para ellos es más útil el no pensante que deja la protesta que el que no te tiembla la voz para declarar una injusticia. 

Eran las 8 de la noche y una banda resistente de cacerolas y cucharas sonaron como melodía de poder, el pueblo tomó el mando y sin violencia, le mostró al estado que ya estaban cansados. Fue un 21 de noviembre del 2019 que dejó historia en la memoria del pueblo , una mano resistente que se empuña en contra de la injusticia y una marcha que con reforma social está a punto de actuar.

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