Movimiento


Por: Vanessa Montiel

2/06/2021

En tiempos de incertidumbre no es sencillo pensar. Los remolinos de emociones nacidos desde el sentimiento patrio, en ocasiones, suelen ser más tormentosos que una noche sin dormir. Como bien ya sabemos, la gran jornada de movilizaciones por el territorio, el paro nacional, ha sobrepasado el mes -hecho digno de la historia reciente- y no parece detenerse.

Encapsular las razones por las que la gente sale a la calle masivamente, aún en pandemia, no es cuestión de soplar y hacer botellas. En el panorama es visible una gran lluvia de ideas que tocan una extendida inconformidad con el gobierno y sus funcionarios, el pedido a abrir los ojos sobre la búsqueda constante de oportunidades laborales, la mejora (y alcance) de la vida digna desde la salud y la educación, la invitación al cuidado del medioambiente y el respeto por la vida; en fin, el llamado a exaltar el poder del pueblo y empezar a tomar, con la seriedad que realmente respecta, un papel político que nos lleve a una transformación fuera de las letras de la realidad mágica de Gabo. 

¿Qué es lo que se busca? En este punto Colombia ya no es solo rojo sangre; sino también continua dividida en “blanco o negro”, la escala de grises es bastante limitada. Por lo general se suelen mezclar los conceptos de cambio y transformación, que desde mi pensar, como verbos -en este contexto- no son lo mismo.  Ambas acciones se engendran en el movimiento (como lo es paradójicamente el paro, por ejemplo).

Desde la esquina del cambio existe un modus operandi de alta celeridad, por lo que suele ser explosiva. La gente en las calles desea un cambio en el gobierno, y para que esta petición se haga realidad se acude a la proximidad. En otras palabras, un cambio es una acción que “estalla” de golpe, parece ser abrupta ya que no da tiempo a reaccionar. Detener la economía para hacer un llamado a que se detengan las masacres, se esclarezca la justicia y se recupere lo (los) perdido(s), surge desde un llamado en voz alta a lo que se debe hacer. El cambio se busca para detener los hechos que siguen arrebatando la dignidad a la tricolor, de forma decisiva.

Mientras que, para entender la transformación, esta se debe traducir a una acción más natural y constante. Las movilizaciones del paro se han transformado de forma orgánica debido a su proceso descentralizado (sin un líder visible y único al que acudir). El carácter duradero del paro nace de la indignación generalizada que busca contundentemente remediar un sistema que lleva siglos pudriéndose a gusto. En las calles, el pensamiento y la colectividad se transforman mediante la música, el arte, los performance, las ollas comunitarias; de la mano de una nueva visión sobre quienes somos y qué papel representamos en nuestro país.

A su vez, el país se transforma con la educación, los valores, la empatía, la colectividad, una verdadera limpieza social que no implique matar a los “indeseados”, sino más bien, reconfigurar nuestra visión del otro, dejando de lado la individualidad que agudiza la selva urbana. Colombia se convierte en una cuna de transformaciones -que claramente no se efectúan en meses- a partir de un cambio impactante en las calles.

Respondiendo a la duda: ¿Qué es lo que se busca?, creo que la respuesta es sencilla. Un mejor país. Pero la práctica para llegar a este ideal no es nada fácil; por algo se empieza. En este punto, por la larga duración del paro, se le agradece a los medios alternativos, a las redes sociales, a los valientes que dan la cara día y noche sin (o con pocas) faltas. La comunidad nace desde la pluralidad, aceptando el cambio y abriendo camino a las transformaciones que engendraran la dignidad que este país necesita. Un mejor país lo construimos entre todos.

Sin duda, seguiré sin dormir a gusto, mientras exista la impunidad en las calles, el hambre y la miseria, el abandono, la violencia camuflada… Mientras la orden siga en pie.

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