De odios a tibios


31/07/2021

Oscar Rodríguez Alarcon


Nos hemos convertido en una sociedad que tiene permitido producir y recibir millones de cápsulas informativas que - sin considerar- pasamos enteras, desconociendo los componentes, las coberturas, sencillamente dándole el poder al generador de ese producto que consumimos para introducirnos lo que quiera más allá de nuestras gargantas.

Eso que tragamos sin saliva siquiera permite una estructuración continua de un discurso, el cual está tan atorado en la ingestión como cada somnífero recibido. Aquel “nuevo” sistema informativo, nos llenó tanto de píldoras que no podemos ni digerir y ahora ese malestar, el ardor en el indigno estómago vacío, nos obliga a ponernos las botas, esperando no amanecer y encontrarlas al revés, a esconder el casco, evitando decomisos justificados por la oposición, a tomar el arma al alcance, la ideología al extremo y la humanidad al bajo cero.

Cada bando labora con las herramientas que le son permitidas, la narración será inequívoca ante las desigualdades en instrumentos, sin embargo, no exenta a la víctima de ser un victimario culposo.

Llegar al meollo de semejante contexto requiere mucho más que dos párrafos, demanda hacer una evaluación del periodismo actual, lo cual se traduce en horas de entretenimiento, montañas de desatención, magnánima falta de criticidad e inhumanas muestras de odio hacia el bando contrario. 

En fin, la acusación que desarrolla este diálogo estéril solicita consciencia ante cada acción que se toma en contra del otro, es inconcebible celebrar la agresión al contrincante, sin importar su partido. Aquella etiqueta que siempre debemos llevar es la de ser humano, comprendiendo que cada agredido es un par y que las injusticias no caben en ninguno de los dos bandos, no hay excusas, expiaciones o indulgencias.

Está claro que estamos en una constante guerra ante un Estado negligente e inepto, lo cual razona cada movimiento, manifestación o mención en contra del gobierno de turno eterno. No obstante, es ilógico pretender justificar y elogiar las barbaries; ninguna ideología o posición política avala el irrespeto a la dignidad humana, sin importar si hablamos de compañeros o contrapartes. Es evidente que el contexto en muchas ocasiones va a suscitar acciones en defensa propia o de los congéneres e incluso nos vemos obligados a responder los constantes ataques, dado que poner la otra mejilla, dar abrazos e intentar dialogar es suicida cuando los agresores son mercenarios mediocres contratados por el Estado, asalariados, uniformizados y tras del hecho vilmente instrumentalizados por sus defendidos.

A pesar de los alicientes, este es un juicio que debemos hacer desde nuestra propia humanidad, la cual debe día a día ser deconstruida, aunque nos la quieran destruir con la misma frecuencia tenemos que aclarar la proveniencia de estos victimarios, quienes no solo son las hienas cazadoras de este gobierno, también son los distintos movimientos de resistencia y revolución, promotores de discursos de odio, tergiversación de nuestras manifestaciones, dilapidación de nuestro sentido de protesta. Utilizando desde publicaciones enredes sociales hasta la violación de todo derecho habido y por haber. En conclusión, ¿vamos de criticidad a dogma o de odios a tibios?

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