Suplente


Por: Tatiana Tolosa


 ¿Qué sentido tiene la vida, si al final te quedas solo?, si dejo de existir será irrelevante. Lucho diariamente con estos pensamientos, en el trabajo, en la casa y ahora en medio de la noche, sentado en el bus para llegar a mi hogar no puedo dejarlos de lado.  ¿Por qué no pude ser yo el que sufrió el accidente? Dicen que Dios es bueno, ¿qué bondad tendrá aquel que te quita a lo más amado?... Llego a mi casa, no he podido subir a la habitación de mi hija desde aquel fatídico día, el dolor y la melancolía me carcome. Pero hoy… hoy quiero cambiar esos sentimientos, quisiera recordar su sentir, -se supone que con esto puedo comunicarme con ella- . Me senté en la sala e hice la pregunta sin quitar mis dedos del triángulo como dicen las reglas: “¿querida estás aquí?”. El triángulo suavemente se deslizó hasta el SÍ. Continué diciendo: “deseo verte cariño”. El indicador empezó a recorrer las letras del tablero una y otra vez, hasta que entendí que el mensaje decía “sube” y así lo hice.  Abro la puerta, los juguetes están en el piso, ella nunca los recogía.¿Qué es eso?... en su cama algo parecía moverse dentro de las sábanas, como si respiraran, me acerque con cuidado… “¡mi vida, estás aquí!”. Volteó su cabeza, su piel era más pálida, en lugar de sus ojos se encontraban dos agujeros, la sangre que brotaba de su boca no dejaba contemplar sus hermosos dientes. “¡Mi hija está de vuelta!”. Ella me respondió con una voz áspera y fuerte: “papi… fue lo que deseaste, ¿no?”... En vida ella jamás pudo emitir algún sonido.


Imagen: Página: "La Tercera"


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