Rosa Negra


Por: Tatiana Tolosa


Recostado en la ventana del bus, sentía como todas sus fuerzas se desvanecían. Sus párpados le pesaban pero no quería dormirse, ya faltaba poco para bajarse. Lo único que podía pensar era abrazar a su esposa e hija después de un agotador día de trabajo. Así que para luchar contra el sueño se propuso observar todo lo que pasaba a su alrededor, cómo las personas caminaban, aquellas que se subían y bajaban del bus, parejas tomadas de la mano demostrando su amor, niños jugando o la terrible neblina nocturna que cada vez se hacía más y más densa.

 Por fin llegó a su destino, pero antes de bajarse se dio cuenta que en el asiento de al lado habían dejado olvidada una rosa muy peculiar, esta era de color negro y su tallo no tenía ninguna espina. Le llamó tanto la atención que sin pensarlo la recogió. De camino a su casa decidió regalársela a su esposa ya que a ella le encantaba todo aquello que fuera extraño, extravagante o incluso sobrenatural. 

Al llegar a su casa sintió una extraña opresión en el pecho cuando se percató que las luces estaban apagadas, la puerta no estaba ajustada y una de las ventanas de la sala estaba rota  «¡Un robo!», pensó. Corrió lo más rápido que pudo llamando a su esposa e hija, pero ninguna de ellas respondió. Buscó por toda la casa y  levantó todas las cajas que aún faltaban por desempacar, pues hacía una semana se habían mudado de California a New York. 

 Angustiado llamó a sus celulares, pero nada. No entendía que pudo haber sucedido, su esposa nunca se iría sin comunicarle y menos su hija que apenas tenía 10 años; además sus ropas estaban aún en el armario. Esto en definitiva se trataba de algo mucho más grave, así que tomó algunas fotografías de la ventana rota y se dirigió a la comisaría para reportar la desaparición llevándose consigo un cuadro familiar en caso de que lo necesitaran para transmitirlo en las noticias.

 —¡Por favor ayúdenme, mi familia está desaparecida! —Pero ningún agente le prestaba atención.
—¿Es que no hay nadie que me quiera ayudar? ¡Es una emergencia!
 —Pero no obtuvo ninguna respuesta. Furioso se devolvió a su casa y se propuso encontrarlas costara lo que le costara. Imprimió volantes con sus fotografías y los pegó en las puertas de las casas y en postes de las calles que pudo recorrer en toda la noche, sin descanso.

A la mañana siguiente se dirigió a su cafetería favorita, esta quedaba a dos cuadras de su casa, el aroma era tan exquisito que podía sentirse a la distancia «Necesito un buen café para recuperar energías y pensar con más serenidad», se dijo a sí mismo. Pero antes de poder realizar su pedido sintió un escalofrío por todo su cuerpo, además de una extraña sensación de que alguien lo observaba; al voltear notó a una mujer sentada afuera de la cafetería que sostenía una rosa negra, idéntica a la que él se había encontrado la noche anterior.  Esta mujer llevaba puesto un vestido negro largo —el cual le llegaba casi a los tobillos— y tenía una hermosa cabellera morena. Por más que la detalló no alcanzó a ver bien su rostro. Tuvo que desviar la mirada un rato para pedir su café pero cuando la  volvió a dirigir hacia donde estaba aquella mujer, esta ya no se encontraba allí, en su lugar solo estaba la rosa negra.

Esto era muy extraño, pero prefirió no darle importancia, pensó que tal vez ya estaba alucinando por todo lo que estaba pasando; ahora su prioridad era encontrar a su familia. Ese día caminó por parques, escuelas, estaciones de bus... pegando los volantes con la esperanza de que alguien le diera alguna información, pero todo parecía en vano, las personas que pasaban por su alrededor ni lo determinaban. «Tal vez están muy ocupadas o sumergidas en sus propias preocupaciones y pensamientos», pensó. Sin embargo, no perdió la fe y continuó su camino. Este lo llevó hacia un supermercado al lado de una gasolinera.

Pasaban las 10 de la noche, estaba muy cansado y el hambre era atroz. Al entrar se dio cuenta de que en uno de los pasillos del supermercado estaba la misma mujer que había visto en la cafetería, quiso acercarse pero en un abrir y cerrar de ojos desapareció, dejando en su lugar la misma rosa «¿Qué está pasando? ¿Me estoy volviendo loco?». 

En ese momento anunciaban las noticias en uno de los televisores del almacén; no lo podía creer, se quedó inmóvil, sin habla. La imagen que acompañaba aquella noticia era la de él y su familia. El titular decía: “En New york hallan el cuerpo sin vida del hombre responsable del asesinato de su esposa e hija”. Es ahí cuando recordó. Al instante sintió de nuevo un escalofrío recorrer todo su cuerpo; detrás de él se encontraba la extraña mujer, quien lo tocó con su mano hecha huesos. Al verla, solo sonrió.    

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