Rio Cauca


09/07/2021

Angel Suesca


El río me recibió con un golpe seco que me robó el aire, no hubo dolor, pero sí un desespero crudo que se apoderó de mis sentidos. El agua fue rápida, voraz, en cuestión de segundos me empapó la ropa, la boca y los pensamientos dejándome aturdida. El frío seme coló hasta los huesos, el miedo se me enterró en las entrañas. Entonces quise gritar.

Para mí, aquel río fuerte y majestuoso era símbolo de vida pero en aquel momento solo era una bestia que, entre remolinos, intentaba robarme el alma. Me sacudió, me meció, me hundió hasta el fondo. Luché y perdí. Aquel caudal impetuoso parecía no tener piedad ni misericordia, me robó el oxígeno, la tranquilidad, los sueños, los sentidos, me robó la vida. El agua inundó mis gritos, luego mis pulmones, luego mi espíritu. Así que, con el alma húmeda y mientras veía la vida irse entre corrientes eternas, me dejé llevar.

Nunca entendí la palabra negligencia, jamás vi a un hombre de cuello blanco. Para mí, fue la bestia poderosa, viva, rápida e impetuosa del río Cauca quien me mató.-¡La encontré, la encontré! - Gritó mi padre al hallar mi cuerpo, dos días o toda una eternidad después.

Yuliza Adarve, 13 años, Briceño Antioquia.

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