Mi ser exhibí


Por Andrea Ceballos Calderón

En el desapacible desván, a las 4:51 de la madrugada, frente a los objetos ennegrecidos, me hallaba en una profunda congoja. Sentada en el mueble de mis antepasados y con una posición poco usual, recordaba la noche del jueves en la que fui partícipe del más exquisito idilio. Siéntanse, pues, dichosos de leer el siguiente relato.

Ocurrió en una plaza hace un par de meses. Entre el bullicio de mis contemporáneos, pude observar a lo lejos a la Helena¹ de los griegos. Tenía una fisonomía dulce, la piel dorada, el cabello color almendra y el cuerpo envuelto de vivacidad. Si se dejaba ver, yo aprovechaba; el vientre revoloteaba y los ojos se encantaban.

Cansada de la rutinaria contemplación sin charla, decidí cruzar la frontera. A partir de este momento, no entraré en más detalles de lo que fueron nuestros intercambios de ideas. Sin embargo, no puedo negar que su voz era sencillamente cautivadora. Todo esto concluyó en el crepúsculo vespertino del jueves cuando, desprendiéndonos de las garras de la castidad, nos dirigimos al lugar donde los amantes sacian su sed.

El papel tapiz, ya marchito está; el papel tapiz, testigo y confidente, ya marchito está; el papel tapiz, que viste las viejas tablas del hotel, ya marchito está. Y más allá de él, los clavos y la madera de roble murmuran su abatimiento. El aroma a manzanilla se disipaba y acariciaba nuestras narices. Nos rasgamos las vestiduras y me detuve a contemplarla; su silueta evocaba los relatos del escritor italiano² y yo, decidí vehemente recorrer la fruta madura. Le propuse viajar al sur sin brújula para que conociera el oasis oculto entre las dunas.

-Anda pues, con paso lento e incesante. Disfruta cada pisada en este yermo y nunca olvides lo que a continuación estás a punto de entregarle al tacto y a la vista...

El tiempo parecía no tener importancia. Nos entremezclamos, bebíamos y dibujábamos besos de carmín al ritmo de la guitarra española, la de Paco de Lucía; en ese cuarto era su servidora y ella mi desvergonzada criatura.

La niebla envolvía parcialmente el panorama y esta quería obtener el papel de telón. Habíamos presentado una puesta en escena tan sublime, tan digna de ser ofrecida a las deidades más feroces. ¡Vaya!, no lo creí posible por mi apariencia garabateada e insulsa.

A la mañana siguiente, a eso de las 6:15, el rayo de luz se asomaba por la lucerna y nos despertó. Decidimos levantarnos sin palabra alguna, sin ojear a la otra. Y en la salida, ella se topó con un clavel un tanto desgastado, lo tomó, extendió el brazo hacia mí y lo recibí. De inmediato, sonrió y airosa se marchó como lo hacen las ánimas en octubre.                                          

1.Según la mitología griega, Helena era considerada la mujer más hermosa entre los mortales. Hija de Zeus y Leda.

2. Pietro Aretino fue un poeta italiano. Entre sus obras destaca Sonetti lussuriosi, sonetos inspirados en 16 grabados eróticos de Marcantonio Raimondi publicados en el libro I Modi (1524).

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