La pureza de lo individual


Por: Johan Sebastián Quintero

24/06/2021


Era una mañana rutinaria, el estrepitoso ruido de la pobreza se escuchaba como de costumbre, el sol un tanto gris me pegaba en el rostro feo y pálido. Me levanto y al estar completamente erguido siento mucha ligereza.

-¡Necesito aguantar un poco más!- vociferé.

Muevo la cabeza para examinar mi entorno, noto en ese momento que no estaba en el ambiente que pensaba; me encontraba en un lugar totalmente diferente, caí en cuenta que los ruidos ya habían desaparecido al igual que las personas. El cuerpo estaba expectante, la mente un poco inquieta…

La angustia pasó rápidamente a ser calidez cuando descubrí que me ubicaba en el lugar que siempre quise estar: un mundo completamente vacío, un lugar genuino. Solo estaba yo, mi soledad y una leve brisa que me acariciaba. No podía creerlo, tantas noches en vela y por fin hallaba respuesta. Todos esos tormentos, necesidades y dependencias no me cobraron su cuota diaria. Logré vislumbrar el reflejo innato del ser, mi humanidad hacía presencia.

Mientras todo esto pasaba, estaba inconsciente, la soga que había colgado en el cuarto me tenía en ese estado, el alcohol y las drogas apoyaron, hicieron muy bien su trabajo: ¡Me liberaron! Nadie encontró mi cuerpo en un largo tiempo, ya que mi ausencia no fue notada. En los pocos instantes que antecedieron a mi muerte, logré vivir lo que tanto anhelaba.

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