Felpa


Santiago Andrés Correa


Alguna vez un amigo me pidió que le mencionara algo de lo que tenía o que alguna vez tuve, que me hiciera infinitamente feliz. Sin titubear, dije que hubo un ser igual a mí cuya presencia fue indispensable, cuyo juguete favorito era tan solo un alambre. Me decía te amo sin hablar, me alegraba sin reír y me soportaba sin huir. Sabía todo lo que hacía, y su presencia era el premio por el esfuerzo del día a día: Nuestros juegos, nuestras noches, nuestras caricias. ¡El tiempo a su lado era una maravilla! No era mi hermano, no era familia y mucho menos la chica que me gustaba; era una pieza que mi corazón no sabía que necesitaba. Así como llegó a mi vida, así también se fue, dándome el amor más puro que puede haber, y recordando lo duro que es perder. Aquel amigo, confundido, me dijo:

     -Entonces habrá sido un personaje de videojuegos, o algún amigo y me estás mintiendo.

Yo me limité a responder

     -Ninguno de ellos se compara al gato que me acompaña en el cielo.

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