EL REFLEJO Y YO


Tatiana Tolosa

Sintió cómo el frío recorrió todo su cuerpo, esa sensación no era extraña ya que le pasaba con frecuencia. Sabía de antemano que esa era la señal, avisándole la llegada de esas criaturas nacidas de la risa, el llanto, la desesperación, el maltrato, la soledad… Caminó por la habitación tratando de ignorarlas, observando detalladamente los pocos muebles que adornaban aquel cuarto; la cama, una mesa de noche y un espejo era todo lo que poseía. Sin embargo, las voces no daban espacio para la tranquilidad, las criaturas a toda costa querían que la compostura perdiera, pero no iba a dejarlas ganar, “esta vez no” se dijo.  

Siguió con la táctica de ignorarlas, asomándose por la ventana, viendo jugar a los niños en el parque, a los ancianos tomar el sol o a los adultos caminar —todos vestidos igual—. Algo que siempre le llamaba la atención es que los veía reír, llorar o gritar, sensaciones que alguna vez fueron suyas, se preguntaba por qué ya no las tenía; la respuesta era clara, “las criaturas” concluyó. Fue entonces cuando la sombra del enojo se abalanzó contra su cuerpo, intentó defenderse pero el puño de la ansiedad golpeó su cabeza de tal forma que terminó cayendo al otro lado de la habitación. Se levantó tambaleando aún del golpe, pero no quería pelear, “si las criaturas provocan mi muerte, que así sea” pensó.  Pudo erguirse con totalidad, de esta forma quedó mirando fijo al espejo, allí al frente se encontraba su mayor temor y con ello terminó.

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