Por:  Kleberson Rodríguez 


El día inicia de nuevo en esta oscuridad, donde solo puedo escuchar como retumba un ¡bip! de lo que parece es el marcador de mi vida; en lo que deduzco, es un cuarto de hospital. Al principio  me sentí extrañamente calmado, como si supiera que estaba pasando, como si supiera que estaba vivo, pero… en proceso de morir. Sin indicios de miedo o petrificación de este hecho tan fatal, sin recordar porque estaba ahí, ni quién era y mucho menos cómo podría salir de ello o despertar. Sabía de la desconexión en cuanto a movilidad, sabía que solo existía inerte divagando sin cesar en pensamientos los cuales no podía expresar, sabía que finalmente en algún momento no podría más en esta oscuridad, y que si no moría mi cuerpo en este triste lugar, seguramente moriría mi mente, ante los incesantes ataques de ansiedad que trae esta soledad.

Ahora que tengo tanto tiempo conmigo y estoy muriendo lentamente, me he dado cuenta de lo interesante que es la vida, de lo efímera, distinta e inigualable que es para cada ser vivo, de la infinidad de posibilidades que existen para poder vivir. También de lo gracioso que es el hecho de estar en este aparente coma, no poder moverme, hablar, escuchar, ni sentir más allá de mis pensamientos o el pitido constante que me repite que sigo vivo, pero no despierto, los cuales no son muy alentadores la verdad. Cada día es más deprimente que el anterior, no tanto por la soledad que siento a diario, ni por la falta de mejora que presento con el pasar del tiempo que llevo acá, sino por las cosas que por mi cabeza han pasado; son tantas… la vida, la muerte, ¿cómo llegué aquí?, ¿cómo hago para salir?, ¿quién soy?, ¿cómo soy?, ¿existo?, ¿qué es existir?, ¿de qué formas podemos seguir en esta desmoronada sociedad?, ¿cómo en mi percepción de la realidad nada mejora?. Cada instante que he estado aquí pienso en esta  cuestión, en cada situación, para llegar a la conclusión absoluta que todo es irrelevante si ya vas a morir y así mismo todo es importante si aún quieres vivir, pero yo ya estoy cansado, ya no quiero existir.

El ¡bip! dejó de sonar por un momento, los doctores corrieron a reanimar a Alexander Holdman, pero no se pudo salvar pues sufrió una rápida muerte cerebral. Este hombre sin familia viva y un solo amigo, fue remitido a emergencias a causa de la llamada de un vecino, quien aseguró que Alexander estaba en el suelo junto a unas pastillas, sin dar ningún tipo de señales de conciencia, cayendo en coma inmediatamente cuando lo pudieron estabilizar, estando así aproximadamente 1 año, para luego morir de manera fulminante. 

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