Álbum.


29/07/2021

Vanessa Montiel

—¡Jasper ven! —Al compás de los gritos, las luces delanteras de un pequeño coche (del cual ya no importa el color) se mancharon de rojo carmesí.


Los años pasan, y el álbum de fotos cada día está más lleno. En algunas noches cuando la nostalgia me invade, abro el álbum: al primer vistazo aparecen muchas caras infantiles con luminosas sonrisas inocentes. Me causa tanta gracia ver la sonrisa de Erika cuando trataba de cargarme, o el bigote de mi papá, muy a la moda por su época. Mamá en cambio, no aparece mucho en las fotos, sus turnos eran verdaderamente desesperantes, estaba en casa en los días dónde nosotros estábamos más ocupados. En las fechas importantes, llegaba tarde o no podía llegar. No la culpo.


Escarbando en el compilado de recuerdos encontré mi primera foto con Jasper. Se veía tan pequeño, tierno y frágil, que incluso hoy siento ganas de protegerlo. Por la resolución de la cámara veo a mi mamá en la esquina de la foto, un poco borrosa, pero su característica cabellera larga es inconfundible, no tengo dudas de que es ella.


Páginas más adelante, Jasper es más recurrente; luce sonriente al lado de la traviesa Ericka, enseguida del copete de mi papá, está sentado cerca mío irradiando una energía angelical y una mirada pícara; por lo que entre todas, mi foto favorita por ser la más colorida es la del abrazo entre Jasper y mi mamá, son simplemente hermosos, no puedo dejar de mirarlos y de capturar detalles: el viento rodando la larga melena de un tono café rojizo de mi madre; ella jamás se tiñó el pelo y siempre fue hermoso, yo en cambio sí experimenté mucho en mis locos pelos, para después raparme y dejarlo crecer otra vez. Volví a enfocar mis pupilas en la foto con el fondo prestado por los bellos pinos, uno que otro chiripique y mi favorito, el siete cueros, tan colorido y grande que te hace caer en una hipnosis; y sus bellas sonrisas,


El álbum de fotos crece cada día más, las fotos son más claras y ya no es tan caro ir a revelarlas. Y a la par que sufrió las fotos, me invaden más recuerdos. Por azares del destino, justo ahora tengo un recuerdo de esos sólidos, que parecen no borrarse ni distorsionarse con el tiempo. Si no estoy mal, a mediados de los 80 's, la fotografía comenzó a ser un boom para la gente del común, algo que agradezco profundamente ya que refuerza la memoria, la preserva más allá de los límites humanos, es el recurso que ahora acompaña a mi nostalgia, especialmente en las frías noches.


Páginas más adelante Renace una foto muy blanca, con mucha gente en ella, imagen que me evocó un agridulce recuerdo: una tarde, when ya estaba a punto de cumplir los 16 y Jasper tenía la mitad de mi edad, fui con él y mi pareja de aquel tiempo al parque; comimos helado del más exquisito, siempre fui amante del helado, incluso hoy en mis años no tan añejos; charlabamos con espontánea naturalidad, pero un sonido parecido a un reclamo nos interrumpió de golpe. Jasper se quería ir, no sé qué le pasaba, creo que estaba incómodo, me arrastró para irnos de aquella banca a mitad del parque, opuse resistencia y en menos de lo que pensé Jasper salió corriendo despavorido, como diría mi padre: "como volador sin palo ", tanto así que sin pensarlo dejé a mi pareja y seguí a Jasper —Juro que todo pasó muy rápido—. Después de haberlo visto muy cerca a la carretera presentí lo peor; una Toyota Crown Super color beige se aproximaba a lo que yo veía como un cuerpo frágil, despavorido y asustado.


—¡Jasper cuidado! —Grité mientras escuchaba al carro frenando. 


Me lancé a la carretera para salvarlo, por poco el carro nos mata a ambos; a mí me alcanzó a agarrar la pierna derecha, a Jasper justo la pata inferior izquierda. Alrededor nuestro, recuerdo ver una multitud de gente, antes de cerrar mis ojos por el dolor y de abrazar a Jasper para que no se asustara más ví a mi madre, apenas un segundo antes.

Desperté al día siguiente, me lo operado la pierna y el Diagnóstico era bueno, me iba un Recuperar. Sentada al lado mío estaba Ericka junto a Pedro, su novio y ahora esposo. Sentí una amabilidad empalagosa en aquel momento que afortunadamente no se repitió, también ví a mi padre al otro lado de la camilla, se veía cansado, pero al mirarme sonrió, supe que lo peor había pasado. Justo cuando pregunté por Jasper llegó mi mamá, me consintió como si fuera un bebé, y con extrema precaución me describe que Jasper no estaba en aquel hospital. 


No fui el único al que tuvieron que operar de una pata aquel día, Jasper estaba en una clínica veterinaria, un poco lejos de aquí, recibió unos cuidados especiales, ya tenía casi 8 años, por lo que recibieron un salvado de aquel accidente fue un milagro.

 Nuestra recuperación fue tardía, la de Jasper más que la mía, pero logramos salir adelante de aquel estrepitoso accidente, por el que nadie respondió, nunca hubo un culpable. 

La siguiente página del álbum tiene unas cuantas fotos de mi graduación, que fue casi un año después del accidente. En aquella etapa de mi vida tomé una decisión radical: irme a vivir solo. Bueno, realmente fue irme a vivir solo con Jasper… sabía que se acercaba su hora y no quería dejarlo ni un momento. Mi trabajo consumía gran parte de mi día, pero al llegar en la noche todo mejoraba, estaba acompañado por Jasper, su mirada era tierna pero cada vez más apagada. Los años pasan factura, y para su cuerpo de border collie los años y el achaque por el accidente se sumaban a la resta de sus días. Poco después decidí trabajar y estudiar a la vez, no fue sencillo pero con la ayuda de Jasper logré sortear los tres primeros años de la carrera, hasta el momento del quiebre. 

A sus 14 años de vida, ya no se quería mover, no me buscaba la mano para decirme que quería salir a pasear, mucho menos le apetecía jugar, sin embargo un día muy frío de diciembre, su mirada pidió una última salida. El parque al que siempre lo llevaba estaba casi solo, caminamos sin prisa, no quería dejarlo tan cansado ya que al día siguiente había quedado de llevarlo a la casa de mis padres, como habitualmente lo hacía. En esta ocasión queríamos tomarnos la foto para ya tenerla lista en navidad y poder colocarla en el arbolito, una tradición cursi que heredamos de mi abuela paterna, solo que ella lo hacía con dibujos. Al traer de vuelta mi mente de los recuerdos vespertinos, ya muy cerca a la salida al parque, Jasper se empezó a sacudir, traté de calmarlo pero fue muy difícil, y cuando se liberó salió corriendo, otra vez.

Lo seguí y busqué pero no lo veía por ninguna parte, lo llamé sin descanso porque no quería perderlo, al punto de casi quedar afónico. Después de casi 40 minutos de búsqueda encontré su cuerpo tirado al lado de un bello siete cueros, más colorido de lo usual para aquellas épocas. Se había ido a morir solo, quizás para no causar más tristeza, pero eso era imposible, se había ido mi más grande compañero y amigo, y ahora, no había vuelta atrás. 

Justo en este momento, no tan próximo a las navidades, estoy mirando la foto de aquel diciembre de los 90's, nosotros seis: mamá con su bello abrigo rojo ajustado a la cintura y su melena larga, papá con cada vez más barba y menos peluquín , Ericka y Pedro "embarazados", yo con un saco verde y un pequeño espacio entre mi madre y yo,


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